lunes, 23 de marzo de 2009

Hablaba haciendo un uso arcano de la lengua, como si cada palabra tuviera un significado en clave que desconocíamos y que no nos era revelado. Como si cada frase tuviera otro destinatario aparte de nosotros, un cómplice a quien le era revelado el significado verdadero del mensaje. Para nosotros, en cambio, solo cabía la posibilidad de intuir que algo se nos estaba escapando, que había algo más allá de lo dicho, que las palabras encerraban quizás o eran del todo una contraseña oculta que lo modificaba todo. Que una frase salida de sus labios en realidad quería decir algo completamente distinto de estas frases diurnas e inocentes, un código secreto, velado, oculto. Una cierta manera de pronunciar cada sílaba nos hacía intuir que en realidad eramos un pretexto, una excusa, una fachada; cómplices involuntarios usados en pos de una estratagema oscura; quién sabe qué planes misteriosos se escondían en esos soliloquios aparentemente anodinos y banales detrás de los cuales —estoy seguro—, se revelaban otros, claramente inteligibles para un receptor que no eramos nosotros. Una forma peculiar de silabear lentamente, mirándonos a los ojos, como hablándonos no a nosotros sino a alguien que se escondiese acaso detrás, a nuestras espaldas; una sonrisa casi imperceptible en sus labios, como burlándose levemente de nuestro papel triste, a sabiendas de que caíamos como tontos, de que no éramos más que señuelos del lenguaje, partícipes necesarios de una maquinación léxica orientada al crimen, al fraude, vehículos involuntarios de un mensaje codificado que transmitíamos sin saberlo y cuyo significado verdadero no alcanzaríamos a descifrar nunca.

jueves, 19 de marzo de 2009

dando comienzo a esto de nuevo de la misma manera, con la sensación de que este poemario se convierte muy a mi pesar y progresivamente en un diario,
un diario cuyas entradas me veo en la obligación de llenar día tras día, como si se tratara de la alimentación de bocas insaciables.
¿de qué manera poner fin a esta situación que se viene dando
y de qué manera poner fin a esta situación odiosa, generadora de todo tipo de responsabilidades, y sin embargo
sin embargo no por ello
sin embargo por alguna razón que no alcanzo a comprender, ineludible? ineludible en aquello que guarda de necesaria, de catártica una suerte de confesión personal abierta a los curiosos,
abierta a los curiosos, sí, y destinada a ser leída si se quiere por azar pero no por ello una confesión menos privada y secreta, una confesión ella mía, toda mía; aunque no, que no se piense
que no piense que acá estoy diciendo todo, que no se crea que me expongo en los relatos. no soy yo quien aparece en estás así llamadas páginas. es otro, una construcción, alguien que no existe o bien que no conozco, en realidad yo callo mucho más de lo que otorgo o mejor aún, desconozco mucho más de lo que admito, todo yo soy una especie de diletante en esto del arte de las confidencias, un amateur del secreto, un
porque si acaso yo contara algo de mí mismo en estos versos lo que acá contase lo contaría en cuentagotas, un secreto a la vez, un confidencia por día y solapadamente; nada de lo que acá es dicho está a la vista, habría en todo caso que leer muy entre líneas, no quiero
no quiero sino lectores avezados, suspicaces, expertos en el arte de desconfiar de los versos y las oraciones, lectores ellos mismos dobles, que no crean que son ellos los que leen sino otros, una construcción arbitraria en el arte del leer, un desplazamiento de la lectura alguien que no existe o bien que no se conoce, en realidad lectores que callen mucho más de lo que otorguen o mejor aún, desconozcan mucho más de lo que admitan,

lunes, 2 de marzo de 2009

herida ya quisiera yo que no desaparecieras nunca, herida que tiene sus marcas. ella misma una herida en mi piel. de ella el único recuerdo que perdura todavía es esta herida en el talón. no en el talón exactamente, quisiera describir el lugar exacto pero es que indefinido, en su momento resultado de un accidente, nada de intenciones, no hubo maldad, tan sólo instinto. ni bien esa herida, minúscula ahora y cada vez más haya cicatrizado y luego sanado, ya no quedará recuerdo. me preocupé bien de borrar todo vestigio hiriente que pudiera quedar a la vista y a mi paso, ahora sólo queda esta herida y me aferro a esa herida pero pronto ya no habrá más nada. me siento muy mal haciendo literatura de lo irremediable, me siento especulativo, traicionero. me siento malo haciendo literatura del dolor, pero ¿qué debería hacer? ¿callarme? me acaricio la herida como quien se aferra a una imagen o a un cúmulo de imágenes. el dolor de esta herida mía se convierte en el dolor por la pérdida, uno el dolor físico y el otro el dolor moral son lo mismo y son la herida. qué doloroso es perder todo recuerdo, toda imagen. pronto esta herida habrá de sanar, pero en este o en otro lado del cuerpo una cicatriz invisible va a permanecer. esa cicatriz la marca del arrepentimiento. un arrepentimiento doble que esta vez no se anula, porque lo que ha hecho no tiene forma de deshacerse. cuánto desearía ahora volver el tiempo atrás antes del daño y esto no es un decir, hacia un pasado que fue mejor; no lejano, un par de días nomás, una semana cuanto mucho. hace tan poco como una semana antes del daño yo era otro y los demás eran otros distintos, no dañados, no manchados por la mancha de este error mío imperdonable, qué ligereza en el comportamiento, qué irresponsabilidad. cuánto lo siento, digo mientras me acaricio la herida y este arrepentimiento es sincero, todo en mí es sincero. soy malo pero soy sincero. esta herida que ya quisiera yo que no sanara nunca, ya quisiera yo tenerla siempre como un cilicio. un dolor leve, casi imperceptible o ni siquiera dolor, tan solo una marca que active el recuerdo. porque no quisiera olvidar lo que pasó pero es inevitable que así suceda. un recuerdo va a tapar a este otro recuerdo y aquel con el tiempo será solo una anécdota cada vez más difusa, evanescente. pero ahora es una herida en el talón que ya quisiera yo que no sanara nunca. la veo y veo que la herida, como una sinécdoque, condensa imágenes y días enteros que han pasado, la herida es un tiempo pasado que sí fue mejor, son días que no quisiera yo olvidar, días que ya quisiera yo que fuesen un recordatorio de lo que ha ocurrido por este error mío imperdonable, esta ligereza de comportamiento irresponsable. esta herida ya quisiera yo que no se fuera nunca, una herida punición que me indicase en quién me he convertido, una herida recordatorio de quien no quiero volver a ser. quisiera yo hacer de esta herida un estigma que me remitiera constantemente a estos días aciagos que no quisiera repetir; espero ser otro y haber aprendido, pido disculpas sinceramente pero que no sé qué sucederá de aquí en más, pido disculpas a quien hice daño, a causa de este error mío imperdonable, esta ligereza en el comportamiento.