miércoles, 13 de agosto de 2008
- Antes me ocurría también como a ti. Por ejemplo, un día dejé de poder hablar. Me hacía entender escribiendo papelitos. O estaba horas y horas delante del armario abierto, llorando porque no sabía qué ponerme. Una vez iba con otro amigo a no sé qué sitio y de repente no pude seguir andando. Estaba allí quieta y él intentaba convencerme. Entonces yo era mucho más joven, claro.La mujer:
- No. No me gustaría ser feliz. Todo lo más estar a gusto. Le tengo miedo a la felicidad. Pienso que no podría soportarla aquí, en la cabeza. Me volvería loca, o me moriría. O asesinaría a alguien.
Franziska:
- Entonces, ¿quieres seguir así sola toda la vida? ¿No tienes anhelo ninguno de alguien que fuera tu amigo en cuerpo y alma?
La mujer gritó:
- ¡Oh, sí! ¡Oh, sí! Pero me gustaría no saber quién es. Aunque estuviera siempre con él, quisiera no llegar a conocerlo nunca. -Se río un poco, como de sí misma-. Yo misma no sé por qué.
Se interrumpió:
- Estoy hablando como una adolescente.
(1976)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
