Algunas luces tardan mucho en apagarse y están todavía encendidas cuando la Osa Mayor se ha deslizado hasta el borde del cielo y sus estrellas más bajas descansan sobre la cresta de la montaña y parpadean inquietas a través de las copas espesas de los alerces. Son los cuartos en los que una joven extrae de la lectura de un libro las posibilidades de la vida y respira aturdida como bajo el contacto de una música al mismo tiempo embriagadora y humillante, o en los que una mujer ya madura no acaba de hacerse a la idea, angustiosa y asombrada, de que este aquí y este ahora, que parecen un sueño, son para ella lo inevitable y lo real.
jueves, 10 de julio de 2008
Algunas luces tardan mucho en apagarse y están todavía encendidas cuando la Osa Mayor se ha deslizado hasta el borde del cielo y sus estrellas más bajas descansan sobre la cresta de la montaña y parpadean inquietas a través de las copas espesas de los alerces. Son los cuartos en los que una joven extrae de la lectura de un libro las posibilidades de la vida y respira aturdida como bajo el contacto de una música al mismo tiempo embriagadora y humillante, o en los que una mujer ya madura no acaba de hacerse a la idea, angustiosa y asombrada, de que este aquí y este ahora, que parecen un sueño, son para ella lo inevitable y lo real.
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