miércoles, 29 de octubre de 2008

siempre tengo la impresión de que cuando alguien me confía un sentimiento suyo que descubro que es a la vez el mío propio, siento la profunda necesidad de decir algo al respecto: una sentencia, un consejo, acaso una anécdota, un aforismo
siento la profunda necesidad
y a la vez, la sensación de que eso es lo que se espera de mí
cuando en realidad, nunca puedo decir más que "claro".

lunes, 27 de octubre de 2008

parece que va a llover otra vez, ¿no?
lo primero que ví cuando la miré, fueron sus dos bolsas de plástico. en una llevaba algo que parecía comida; en la otra, un tejido.
pensé en nietos
como si sólo se tejiera para ellos.

parece, respondí. pensé luego en que no había mirado el cielo al responder. lo había visto segundos antes pero sin haber reflexionado. sólo tuve que recordar su estado.

¡con lo que llovió hoy!, me dijo.
la volví a mirar. ésta vez no a las bolsas, sino a ella. recuerdo que la miré con suficiencia. al momento de mirarla, supe todo el diálogo que seguiría a continuación.
¿hoy llovió? -pregunté, y pensé de repente soy jóven. me puse por un instante dentro suyo e imaginé que eso era lo que hubiera pensado en su lugar; es jóven.
es jóven [maneja otros horarios]

sí, me dijo; una lloviznita, como a las ocho y media.
hizo una pausa y miró el enbaldozado de la calle.
bah, no. un chaparrón fuerte cayó, yo salí al patio y estaba mojado; después siguió lloviznando.
yo soy de coghlan, agregó.

yo también, le contesté.
por un instante pensé que no era del todo necesario que me hubiera aclarado eso; luego recordé que el colectivo sigue su recorrido después de mi parada.
ella bien podría ir más allá.

después ya se despejó, y nos regaló otro poquito de sol, me dijo.


a los pocos instantes volví a mirarla y descubrí que me estaba observando. luego levantó la vista y miró hacia arriba. seguí el recorrido de su mirada, hacia el cielo. me detuve unos instantes y, cuando volví a ella, descubrí que ya me estaba mirando nuevamente.

esto es lo que se llama bajo plafón, dijo.
miré hacia arriba, buscando algún techo. pensé en la palabra arquitectura. pensé sólo por un instante que podría ser arquitecta, pero abandoné rápidamente esa impresión: no tenía cara de arquitecta

(la idea que tengo a veces de que las profesiones tienen un rostro;
de que las profesiones moldean un rostro)

cuando las nubes están así, contra la tierra, explicó.
(hizo un gesto con las manos, que significaba contra la tierra, o bien: achatar).
nosotros somos 80 por ciento agua, agregó. por eso nos sentimos así
(hizo un gesto con las manos, que significaba contra la tierra, o bien: achatar).
y nuestro cerebro también es 80 por ciento agua, por eso nos cuesta pensar, con este tiempo.

claro, respondí yo.

¿no viste que cuando no hay plafón, los aviones no pueden ni despegar?, me dijo. los aviones no pueden volar cuando no hay plafón.
cuando el tiempo está así, una nada (hizo un gesto con las manos, que significaba una nada, o bien achatar), y agrego: una inexistencia.

miércoles, 22 de octubre de 2008

ayer encontré cosas que creía perdidas
ayer tiré cosas
descarté
ayer rompí cosas, las rompí al medio como quien rompe un papel
ayer rompí papeles al medio, descarté cosas
tiré papeles, los rompí

¿tiro drácula? no entra en los estantes
un cierto impedimento
de hecho no impedimento, sino acaso una objeción moral
de hecho no una objeción moral, no bram stoker, sino el libro en sí drácula es una novela de mierda epistolar encima
no entra en los estantes

cómo tirar un libro
un libro no se tira, se regala, se presta, se dona.
regalar: a gente conocida, amigos (afecto)
donar: a extraños, a instituciones (desamor)

una cierta renuencia al tirar papeles que, por algún motivo, contienen mi nombre
éxamenes, anotaciones
una cierta desconfianza, pensando en un otro que, quizás, pudiera leerlos
mi nombre ahí, en los márgenes
mi nombre que me delata
por eso, los rompo al medio, como quien rompe un papel.
nadie puede cuestionar un orden institucional basado en un origen mitológico
desde qué lugar se cuestionaría, en todo caso,
desde qué lugar se alzarían voces,
desde qué lugar se cuestionaría, y en nombre de qué doctrina,
si todo aquello que se denuncia es falaz
si todo aquello que se denuncia es mentira

http://www.perfil.com/contenidos/2008/10/19/noticia_0015.html

jueves, 16 de octubre de 2008

la idea de que mis enfrentamientos
nunca me peleo verdaderamente con nadie
no son enfrentamientos, sino parodias de enfrentamientos
no recuerdo, yo, haberme jamás
un simulacro de enfrentamiento
las pocas veces en las que pude distanciarme
si antes dije, atrás
una mueca de desplazamiento
ahora: no un desplazamiento una querella
la mueca de una querella
no una disputa sino un juego
los papeles asignados, los parlamentos acordados
a cada quien su rol, una misión que debe cumplirse
no un enfrentamiento, un simulacro de enfrentamiento
a menudo me doy cuenta
incluso en los momentos de mayor hostilidad
de que estoy representando un papel asignado
y de que acto seguido podría adoptar la postura opuesta

viernes, 10 de octubre de 2008

'es que yo no escribo mi blog para que lo lean los demás' -me encuentro a mi mismo justificándome.
¿justificándome de qué? ¿justificándome ante quién? ya es la segunda vez.
Hacía un día claro que a causa del viento me parecía más claro aún. Me quedé un rato en la calle mirando a mi alrededor. En una cabina de teléfonos, a la entrada del metro, había dos muchachas apoyadas: una hablaba por teléfono, y la otra se asomaba a la cabina de vez en cuando, echándose al mismo tiempo el pelo por detrás de la oreja. Al principio me detuve solo a verlas, pero luego su aspecto me animó y excitó, de forma que finalmente observé con verdadero placer cómo se movían en la estrecha cabina: la una a la otra sostenían la puerta con el pie, se reían, tapaban el auricular, cuchicheaban entre sí, echaban de vez en cuando unas monedas y se inclinaban de nuevo sobre el teléfono, mientras que junto a ellas el vapor del metro humeaba a través de las tapaderas de la calle y se desplazaba hacia las calles cercanas pegado al asfalto. Era un espectáculo que me liberaba y me disipaba de mis preocupaciones. Aliviado, me limitaba a mirar, en un estado paradisíaco en el que sólo quería mirar y en el que mirar era ya una forma de conocimiento.

-

Este párrafo de Handke me recuerda a las pinturas de Richard Estes. No a algo en particular de Richard Estes, sino a Richard Estes. Y no tanto a Richard Estes, sino a una forma -la de Richard Estes- de entender las ciudades, un estereotipo de la mirada de la ciudad.


Telephone Booths, 1968; en el Thyssen.